Ko Tao y ¡a bucear!

La “isla Tortuga”.

Tras unos días en el cielo volvimos a tierra firme y continuamos hacia Ko Tao, ¨La Isla Tortuga¨. Llamada así por su similitud con este animal, es paraíso de submarinistas por sus aguas cristalinas llenas de vida y la gran cantidad de oferta, que provoca el ajuste de precios propio de una alta competencia siendo, junto a Utila (Honduras), uno de los lugares más baratos del mundo donde sacarse los títulos para sumergirse bajo las aguas.

Llegamos a nuestro destino tras pasar una noche eterna en un ferry-cama, y antes de que saliera el sol ya estábamos instalados en una pequeña cabaña en Chalok Baan, bahía al sur de la isla.

Punto estratégico de buceo.

Ko Tao es especial, sus gigantes rocas redondeadas parecen irreales, sacadas de un dibujo, y te invitan a recorrer los límites de la isla a través de pasarelas de tablones de madera y descubrir multitud de diminutos rincones de arena blanca que permanecen tranquilos e inalterables entre el espesor verde, donde la lámina turquesa que acaricia sus orillas guarda un tesoro de vivos colores en peces y corales que hacen merecida su fama.

Ko Tao - el mapa infinito

Allí se empezó a gestar cuál sería uno de nuestros posibles destinos submarinos del viaje, la isla Filipina de Malapascua, uno de los pocos lugares del mundo donde se puede ver de cerca al majestuoso tiburón zorro, con su imponente cola de 2m. Una vez desfogados de nuestras ganas de buceo y habiendo relajado nuestro espíritu viajero con varias inmersiones por las profundidades marinas, nos dirigimos de nuevo hacia la capital, donde permaneceríamos los días de rigor para conseguir un visado a nuestro próximo destino.

Próximo destino: Birmania.

En la cola de aquella hilera, de aquel Consulado, conocimos a un simpático y hablador argentino que nos contó las pautas para conseguir el visado a Birmania (Burma in english) y actualmente República de la Unión de Myanmar (dejémoslo en Myanmar), sin saber que el destino nos volvería a unir a varios meses vista y a no demasiados kilómetros de allí, Nepal. Pero esa es otra batalla después de varias otras, que quizá algún día podamos contaros.

Pronto despegaríamos del país de… aun muchas sonrisas. Momento de hacer balance, y en contra de nuestro prejuicio inicial, confesar que Tailandia nos acabó enganchando, sí.
Solo añadir que aún nada ha terminado y que no hemos avistado el punto final de lo que aquel primer día de viaje juntos comenzó.